Entrar en el paradigma del color implica necesariamente penetrar en el mundo de la LUZ, de su magnetismo, de las sensaciones, las emociones y el dinamismo. Cuando revisamos las formas y la geometría, vemos que la información y la radiación que desprende un patrón geométrico inciden mayormente sobre el plano mental y la lucidez de nuestro ser. Pero cuando se habla de la luz y de los colores, toda la información parece que incide en otro tipo de planos, quizá más sensibles, intuitivos, creativos, imaginativos o más cálidos, y a la vez, menos racionales y menos fríos, mucho más emocionales. Parece que el color calienta y la geometría enfría, por eso se complementan tan bien.

Pero eso no debe engañarnos… puesto que en el fondo, todo es el mismo tipo de fuerza, aunque de diferente naturaleza. De esa radiación solar, una fuerza es más eléctrica y la otra es más magnética, y cada una nos afecta a diferentes niveles y en distintas frecuencias. Parece osado decirlo pero podríamos afirmar que el color no existe. Al menos no existe desde la perspectiva material en la que estamos acostumbrados a percibirlo. Aunque parezca sorprendente, no hay nada más cierto que decir que el color en sí mismo no existe y que tan sólo es una percepción visual y sensitiva, una ‘interpretación’. Lo único que realmente existe es la LUZ. La luz, entendida sólo como ‘algo que vemos’, también en el fondo es una percepción ‘parcial’. La fuerza de la luz y de la radiación de nuestro entorno es mucho más extensa de lo que sospechamos. De hecho, todo, absolutamente todo, se deriva de la radiación que emite el Sol, una fuerza singular, una constante emisión de ondas y radiación que siempre viaja hasta la Tierra a 300.000 kilómetros por segundo. Estudiar esta radiación, llamada “electromagnética” en todas sus facetas, es lo que nos aporta más conocimiento acerca de la luz y de los colores que vemos.

Creo conveniente, antes de entrar de lleno en las características y los potenciales utilizables de cada color, que revisemos su verdadera estructura y su naturaleza, algo que además nos hará comprender mucho mejor las incidencias sobre nuestra psicología y nuestro estado de salud, y de esta manera podremos aplicar coherentemente todos los colores en la práctica cotidiana, sea médica, artística, decorativa o arquitectónica.

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