La gran trama magnética, la rejilla energética que subyace bajo el suelo de la tierra, descubierta hace más de cincuenta años por el Sr Hartmann, es uno de los ítems de la Geobiología actual y una de las principales causas de las geopatías que pueden enfermarnos. No obstante, después de 15 años de estudio y experimentación en el diagnóstico energético del hábitat, tanto en espacios privados como laborales, he descubierto factores muy importantes a tener en cuenta, sobre todo para la salud y la evolución anímica del ser humano.

Lo principal es comenzar a ver que estas redes cruzadas que emanan del interior de nuestra Tierra, es una trama sobre la que afortunadamente vivimos los seres vivos. Tal vez lo más importante (además de describirlas en varios libros míos y de otros autores) es comprender que esos campos no son ‘malos’, ni siempre son patógenos, ni son como una especie de ‘equivocación’ de la Naturaleza, o de Dios, si queremos emplear este término. Cuando se tiene una conciencia cada día más clara del concepto holográmico y del Campo Unificado, en el que nada existe por nada y en el que está todo unido e interrelacionado, entonces la visión sobre las ‘geopatías’ (término poco afortunado) cambia por completo.

Si estas redes existen, es por algo. Si la propia naturaleza contiene también ese potencial de energía, es que tiene una razón de existir. La fuerza que emana del subsuelo nos mantiene en vida, nos da pulsación, nos da cohesión a las moléculas, nos proporciona coherencia y ritmo a nuestros comportamientos psicológicos. Nuestros átomos también tienen unas cargas eléctricas que nos mantienen con vida y que vibran en sintonía con ese gran campo electromagnético de la Tierra. No vivimos separados de nada; somos y existimos en función de muchas otras fuerzas simultáneas, y unas impulsan a las otras, así que la red Hartmann y la red Curry tienen una razón de existir y cumplen una función.

A veces pienso que sabemos poco de la verdadera ‘función’ de esas fuerzas del subsuelo y que tal vez si no tuviéramos ese campo magnético y esa fuerza de gravedad que emana del suelo, los seres vivos estaríamos como flotando, o disgregados. Necesitamos esa fuerza de la naturaleza a nuestros pies; y nuestro organismo organiza sus potenciales eléctricos, su complejo cerebro y sistema nervioso, así como su campo aural, en función de ese complejo campo electromagnético coherente de la Tierra. Dicho de otro modo: nuestras constantes vitales se mantienen en función de las constantes vitales del planeta. Eso también forma parte del Campo Unificado.

No obstante es evidente que no todas las ‘intensidades’ de esas redes son siempre perfectas ni permanentemente benéficas. Básicamente la naturaleza de esa fuerza del subsuelo es activadora, aceleradora de procesos; o es simplemente la energía ‘catalizadora’ para nuestro campo de fuerza individual. Si una persona está sana y sus meridianos están en perfecto funcionamiento rítmico, el permanecer mucho tiempo sobre una línea magnética o un cruce, no necesariamente tiene que provocarle una degeneración celular ni ninguna enfermedad.

Muchos de los argumentos del geobiólogo actual a mí a veces me parecen tremendistas, bastante lineales y simples, y muy a menudo no resultan ser demasiado afinados ni sutiles. En mis clientes he visto verdaderas psicosis y miedos muy tóxicos (más tóxico el miedo que la geopatía) que procedían de una ‘noticia’ como: tiene usted una geopatía bajo su cama, así que puede estar creando un cáncer aunque no lo sepa. U otro argumento: no hay nada que hacer, lo mejor es vender esta casa porque sino… van a enfermar todos.

Es evidente que eso no puede ser así. La casa-cáncer no existe. Ni la Tierra o la naturaleza es traidora, ni agresiva, ni poco inteligente. Simplemente hay que comprender mejor el funcionamiento de esas fuerzas ‘naturales’ y comprender su peculiaridad y sobretodo tendremos que conocer algún día su ‘función’.

Aunque desde luego nos quedan años de estudio para ello, lo que de momento creo que ocurre, y así lo he constatado en muchísimas ocasiones, es que nuestro estado de salud y nuestra psicología están en unos niveles de toxicidad bastante altos y, cuando la desarmonía convive con nuestro ser, sea física o psíquica, entonces el estar expuestos más de tres horas a un campo de fuerza como el de las redes que emanan del subsuelo, puede ciertamente alterar el funcionamiento celular.

Incluso dormir siete horas, y durante años, sobre un cruce Hartmann, puede desde luego activar nuestros sistemas bioeléctricos, o puede alterar tanto nuestros sistemas nervioso, endocrino y chakral, que incluso puede llegar a engendrar una enfermedad degenerativa o autoinmune. En el mejor de los casos, puede crear un cansancio muy profundo y crónico. Todo depende de nuestro grado de salud y de nuestro estado psicológico.

Una línea (o pared magnética, por hablar con propiedad, pues emergen del subsuelo en su verticalidad), un cruce, o en fin, una zona geopatógena, puede ser perjudicial para una persona débil, por ejemplo, o que esté pasando por un post-operatorio, o que esté en un estado de vejez o de fragilidad considerables, o que esté viviendo una esquizofrenia, o cualquier situación insana. Pero como fuerza natural que es, una red magnética N-S y E-W, o bien una red NW-SE y NE-SW (llamadas clásicamente Hartmann y Curry) pueden también ser benéficas.

Yo sugiero al lector que se siente y acomode durante una hora entera sobre un cruce Hartman por ejemplo, para realizar una meditación, contemplación o similar, y que todo su ser entre en cualquier estado de reposo absoluto y silencio mental contemplativo (no importa qué técnica de meditación emplee). Simplemente hay que observar qué ocurre cuando uno está sobre una doble línea magnética (o sea, un cruce: la misma fuerza, pero doble, más intensa que una simple línea, pared o camino energético).

Poco a poco… sentirá más lucidez para comprender las cosas, más silencio interno o menos discurso mental, más inspiración y más creatividad para optimizar o resolver asuntos. Percibirá más circulación de energía por los canales acupunturales, más actividad en los chakras, como si estuvieran ajustando cosas en el interior, corrigiendo, nivelando. Las intersecciones de esa trama vital de nuestra Tierra nutriente, son ‘lugares de poder’, como diría un chamán clásico.

Las líneas o cruces magnéticos son lugares más intensos que otros, desde luego, son aceleradores, activadores de procesos físicos, energéticos y psíquicos. Por eso cuando alguien ya tiene sus constantes demasiado alteradas y debilitadas por una situación de enfermedad, es cierto y evidente que no es conveniente estar mucho tiempo en esos lugares de poder, porque pueden desgastar, minar, acelerar demasiado sus constantes y vaciar la poca energía vital que tienen.

La medida de tiempo que yo he visto que una persona media (o sea, bastante tóxica, pero no demasiado) puede estar sobre una zona de doble intensidad (llamada hasta ahora cruce Hartmann o ‘geopatía’) es de tres horas. Más de tres horas sobre un cruce magnético, por ejemplo, un individuo comienza a invertir los términos benéficos que le induce ese campo magnético natural y… puede ‘comenzar’ a enfermar. Aunque también es cierto que si una persona está muy sana, equilibrada y armónica, he constatado que puede estar bastante más tiempo en esos lugares potentes, sin enfermar e incluso obteniendo de él una mejor eficiencia o claridad.

Debo confesar que yo misma tengo la silla de mi despacho sobre un cruce magnético y que… he seleccionado este lugar intencionadamente. Mis terapias o clases particulares no duran más de 2 horas, aunque hay días que doy varias seguidas; desde luego, si alguna vez me he sentido débil o he tenido cualquier alteración insana y mi cuerpo tiene que procesar algo, tengo que cambiar de lugar y colocar mi silla en zona neutra, fuera de las líneas de fuerza magnética. Desde que decidí estar varias horas por semana en una zona de doble actividad energética, es decir, sobre una geopatía…, la calidad e intensidad de mi enseñanza o de mis diagnósticos es mucho mayor que cuando trabajaba sobre una zona neutra o sin energía. En realidad, todo, absolutamente todo en la vida, depende de la dosificación energética.

Son inacabables los ejemplos que podríamos poner, tanto en los aspectos orgánicos, como en los energéticos, como en los psíquicos o anímicos. Lo importante es saber que también ocurre lo mismo respecto al campo electromagnético. Podemos emplear conscientemente la red magnética del subsuelo en dosis terapéuticas, y naturalmente debemos evitarlas en la dosis letal.

También es cierto que hay lugares o situaciones especialmente conflictivas respecto a esa trama magnética natural. Con solo dos ejemplos podremos verlo. El asfalto es un gran aislante del campo magnético terrestre; por tanto, andar por los lados de una carretera asfaltada es bastante alterador, pues todas las líneas o paredes energéticas a lo ancho de la carretera, se agrupan en tumulto y emergen por los lados, por el final del asfalto y el comienzo de la tierra, exactamente por donde a veces se nos ocurre dar un paseo o ir en bici con los niños.

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