Nuestras casas enferman tanto como nuestros cuerpos; son espacios vivos y energéticos. Cada elemento físico que la compone, el subsuelo del lugar, la luz y los colores que hay, los símbolos colgados, así como cada habitante que la habita, incluso la presencia de quienes han habitado aquel lugar, son  frecuencias y elementos energéticos de enorme influencia. Todos ellos hacen una sinergía, suma o fórmula de códigos activos, cuyo resultado puede ser saludable o enfermante, facilitador o frenador de nuestro proceso vital.

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