Es evidente que también nuestra psicología responde al color pues todos sabemos que no nos sentimos igual vestidos con un traje rojo que con uno blanco, o no nos sentimos indiferentes al colocar un gran cuadro de tonos negros y grises en nuestro despacho, o de escogerlo de tonos amarillos, naranjas y verdes; de alguna forma nuestro cerebro registra que el cromatismo del cuadro en cuestión va a influir en nuestra forma de trabajar, aunque no sepamos ‘como’ influye.

El ser humano está constituido mayormente por agua, lo que hace que se encuentre en un proceso electrolítico permanente; por tanto, genera constantemente un campo electromagnético a su alrededor. Este campo de energía propio de nuestro complejo ser, interactúa con los otros campos emitidos por el resto de seres vivos que circulan a nuestro alrededor; pero no olvidemos que nuestro ser… también reacciona ante las moléculas de todo objeto que se acerque o penetre en nuestro campo áurico, puesto que cada molécula de cualquier objeto tiene siempre una cierta carga electromagnética.

Puede afirmarse pues que dos campos electromagnéticos, generados por cualquier tipo de molécula, siempre que se acercan el uno al otro, o se intercalan entre sí, actúan uno sobre el otro. Y estas dos fuerzas se interfieren y se influencian ‘mutuamente’ (o sea, tú… también influyes sobre el objeto) debido al fenómeno físico de ‘resonancia’, de empatía o de acoplamiento.

Nuestro cuerpo es como un gran condensador electrolítico que va variando constantemente de intensidad y de frecuencia vibratoria. Este gran condensador eléctrico, nuestro organismo, regula y guarda la corriente del cuerpo para ser utilizada en un momento adecuado. Así pues, todo ser humano crea un fenómeno eléctrico a su alrededor. En la vida diaria, cuando dos personas se acercan, por ejemplo, se establece una influencia eléctrica mutua.

Nuestros campos electromagnéticos o áuricos, siempre están interactuando. Cada individuo que se relaciona con nosotros (en el trabajo, en la amistad o en las relaciones íntimas) emite unos códigos que resuenan en nuestro ser biológico o psicológico; dicho de otro modo, cada persona emite unas ondas que se acoplan, ose rechazan, o sintonizan con nuestras propias ondas. Y nos aportan salud… o todo lo contrario.

rfwbs-sliderfwbs-sliderfwbs-sliderfwbs-sliderfwbs-sliderfwbs-slide